viernes, 27 de abril de 2012

PEDAGOGIA Y DIDACTICA DE LA TECNOLOGÍA


Escrito sobre los “elementos para el desarrollo de una pedagogía de la tecnología”:

Tanto el proceso educativo, como la enseñanza,  deben ir más allá del contexto escuela, ya que constituyen en un sentido más amplio, uno de los medios más importantes y tal vez más directos frente  al proceso de transformación individual, social, cultural y económica de cada persona.

No obstante, conociendo el valor que representa la escuela dentro del desarrollo integral del ser humano,  la acción educativa ha sido menospreciada y se ha limitado a la transposición de conocimientos, dejando pasar por alto su auténtica interpretación y el  verdadero sentido como agente dinamizador  del proceso de formación y de aprendizaje.

Indiscutiblemente, el problema radica en que “la escuela no puede restringirse a la reproducción acrítica de información a través de la clase”, es decir, nuestros docentes no pueden dedicarse a reproducir textualmente lo que dicen los libros, como si sus estudiantes fueran pequeñas computadoras que todo lo asimilan sistemáticamente,  y mucho menos deben pretender encontrar en las aulas de clase alumnos que acepten todo sin entrar a cuestionarlo; la sociedad ha evolucionado, el mundo ha evolucionado y por ende, la enseñanza también lo ha hecho. El docente debe tener una nueva mirada frente a la práctica pedagógica, debe dirigirla hacia los procesos de interpretación, crítica y reflexión, generando en los estudiantes una visión  que los oriente a la comprensión del saber y a la  transformación del mismo, para abordar las diferentes situaciones a las que los enfrenta la nueva sociedad.
Pero sería  injusto “echarle toda el agua sucia” a la labor de la escuela, dejando pasar por alto que existen otros agentes que cumplen un papel elemental en el proceso educativo del niño, como la sociedad, el estado y por supuesto  la familia.

Retomando la idea de la necesidad de modificar el concepto erróneo que se tiene frente a la acción educativa, vale la pena resaltar la importancia que tienen dos elementos como instrumentos posibilitadores de la construcción del conocimiento, la pedagogía y la didáctica. A pesar de que ambos términos tienen definiciones muy diferentes, es claro evidenciar que existe un gran puente que los relaciona, ya que la pedagogía hace referencia a la conceptualización y construcción del conocimiento mediado entre el alumno y el docente, y la didáctica, se encarga de cumplir dicho proceso proporcionando las herramientas y las estrategias necesarias para hacer más factible la adquisición del mismo, es decir, la Pedagogía trabaja  de la mano con la didáctica, puesto que mientras una se  encarga de los conocimientos referentes al saber, la otra se encarga de crear ambientes y estrategias prácticas para que sean fácilmente asimilados.

Es por eso, que sólo cuando los docentes reconozcan la importancia  de orientar su trabajo pedagógico apoyado en la relación pedagogía-didáctica, tendrán como resultado clases dinámicas, reflexivas, un mejor desempeño  y mayor sentido en su quehacer educativo, una respuesta consciente y racional por parte de sus estudiantes que se verá reflejada en el trabajo realizado tanto dentro como fuera del aula de clase, alcanzado de esta manera una praxis pedagógica.

Indudablemente, los conocimientos adquiridos en la escuela contribuyen a ensanchar los horizontes y proporcionan una perspectiva que rebasa las fronteras del desarrollo social. De hecho no podemos dejar pasar por alto un factor determinante en este proceso de evolución y cambio, la tecnología.

El sistema escolar debe  darle prioridad a la formación tecnológica, y los maestros deben empezar por transformar sus prácticas teniendo en cuenta las necesidades e intereses de la nueva población en busca de mejorar las condiciones de vida,  sin dejar a un lado la formación humanística e integral de cada individuo. La escuela debe reconocer que se está enfrentando a una sociedad en constante transformación, y por ende, ella está incluida en este cambio, pero no puede olvidar la labor de formación que se le ha encomendado, así que el educando  a través de su esfuerzo y voluntad, tiene la obligación de mantener esta condición y hacer de la acción educativa un proceso de construcción y transformación.

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